La comodidad…

Nuevos encuentros con viejos recuerdos alborotan la comodidad del corazón y de la mente, pero ¡qué bien que duele! De otro modo no sabría exactamente qué es esto.

Alguien me dijo una vez que no se olvida nada ni nadie, sólo se aprende a vivir sin eso o sin la persona. Cuando me lo dijeron por primera vez no sabía cuánta razón tenía quien me dijo eso. Recordando mi reflexión hoy un día de febrero, mientras viajaba en mi moto a un lugar en el oriente del país, no sé qué es exactamente lo que extraño de esos tiempos; lo joven que era, las personas que me rodeaban entonces, o tal vez la forma en que me hacían sentir o quién yo era alrededor de su compañía.

Creo que así sacuden aquellas personas que nos “marean” de alguna manera. Un vínculo que no se puede explicar. No necesita ser explicado. No se puede. Nunca.

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Plan de Vuelo

Admiro a la gente que es determinada, no se necesita ser sabio o científico para serlo; tampoco se debe vivir con excesivo cuidado temiendo el menor error o resbalón…, acaso no es parte de la vida el equivocarse?

Alguien dijo alguna vez que la vida es como un traje que te han prestado, tú decides devolverlo impecable y sin uso, o disfrutarlo y sacarle provecho al máximo…, ojo que no hablo de libertinaje tampoco.

La vida me gusta con todos sus tonos, colores y sabores, si quitamos uno de tantos perdemos ese arociris de experiencias, luchas, alegrías y derrotas…, ahhh, la tristeza tiene matices y sabores tan peculiares…

Constantemente nos perdemos, somos fáciles víctimas de la insensibilidad e indiferencia cotidiana; políticas, normas, estándares, ridículos e insensatos, como estereotipos y paradigmas flotando alrededor nuestro.

Hoy…, disfruto éste café, mañana tal vez prefiera un té, pero me rehúso a vivir como piloto que no despega a menos que le entreguen su plan de vuelo…