La comodidad…

Nuevos encuentros con viejos recuerdos alborotan la comodidad del corazón y de la mente, pero ¡qué bien que duele! De otro modo no sabría exactamente qué es esto.

Alguien me dijo una vez que no se olvida nada ni nadie, sólo se aprende a vivir sin eso o sin la persona. Cuando me lo dijeron por primera vez no sabía cuánta razón tenía quien me dijo eso. Recordando mi reflexión hoy un día de febrero, mientras viajaba en mi moto a un lugar en el oriente del país, no sé qué es exactamente lo que extraño de esos tiempos; lo joven que era, las personas que me rodeaban entonces, o tal vez la forma en que me hacían sentir o quién yo era alrededor de su compañía.

Creo que así sacuden aquellas personas que nos “marean” de alguna manera. Un vínculo que no se puede explicar. No necesita ser explicado. No se puede. Nunca.

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